
Gervasio Sánchez es uno de los mejores corresponsales de guerra que ha tenido este país. Ha cubierto innumerables conflictos armados en todo el mundo, y sus trabajos siempre han destacado por la humanidad que desprenden, por su preocupación por los más débiles y por los que sufren, que son finalmente los que menos responsabilidad tienen en una guerra.
Gervasio Sánchez ha dado voz y ha puesto cara a las víctimas, y ha hecho sonrojar a los que vivimos en este primer mundo, dando la espalda a una realidad que tenemos a la vuelta de la esquina, y de la que muchas veces somos culpables.
La foto que hemos reproducido, obra de Sánchez, ha sido premiada con el Ortega y Gasset de periodismo, uno de los galardones más importantes de la profesión. Me gustaría que dedicaran un minuto a leer el discurso que pronunció, frente a miembros del gobierno actual, ex ministros del anterior ejecutivo y un sinfín de autoridades.
Gervasio Sánchez ha dado voz y ha puesto cara a las víctimas, y ha hecho sonrojar a los que vivimos en este primer mundo, dando la espalda a una realidad que tenemos a la vuelta de la esquina, y de la que muchas veces somos culpables.
La foto que hemos reproducido, obra de Sánchez, ha sido premiada con el Ortega y Gasset de periodismo, uno de los galardones más importantes de la profesión. Me gustaría que dedicaran un minuto a leer el discurso que pronunció, frente a miembros del gobierno actual, ex ministros del anterior ejecutivo y un sinfín de autoridades.
Gente como Gervasio Sánchez me reconcilia con esta profesión.
DISCURSO PRONUNCIADO POR GERVASIO SÁNCHEZ (PERIODISTA Y FOTÓGRAFO) DURANTE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS ORTEGA Y GASSET. 7 DE MAYO DE 2008
Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el premio Ortega y Gasset de fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.
Quiero dar las gracias a los responsables de El Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y de la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, seres humanos extraviados en los desagües de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin fronteras, la compañía DKV Seguros y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martin Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas; el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de Luna Pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en paises desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la trancisión encabezados por los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiemop que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, como él yo también tengo un sueño: que por fín, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

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